ActualidadArgumentaciónChernobylLenguajeOratoriaRetórica

CHERNOBYL: ARGUMENTOS SUFICIENTES Y ARGUMENTOS INSUFICIENTES (Atención: leer solo después de haber visto la serie)

El actor Stellan Skarsgård interpretando a Boris Shcherbina en Chernobyl.

Ya dedicamos otra entrada a comentar el discurso central de Chernobyl, pero esta serie tiene varios ejemplos de argumentación que vale la pena comentar. En esta ocasión nos centraremos en el episodio de los tres héroes, de los “tres hombres a los que se pide permiso para matar” y, en concreto, en la escena en la que se les convence para que acepten una misión suicida que los va a llevar a la muerte.

El problema retórico que plantea dicha escena es ¿por qué va a aceptar alguien la renuncia a su propia vida? La respuesta es clara: por algo que sea más valioso que esta. En Retórica, esta respuesta tiene que ver con la fuerza del argumento y se basa en dos ideas: la primera, que no vale cualquier tipo de argumento para llegar a una conclusión; la segunda, que cuanto más improbable sea una conclusión, más fuerte tiene que ser el argumento.

La escena comienza con un Legásov titubeante describiendo la misión y proponiendo a cambio una recompensa: un aumento de sueldo y de categoría profesional. Como señala uno de los trabajadores a continuación, arriesgar la vida a cambio de un poco más de dinero y de una mejora laboral no es razón suficiente para sumergirse en agua radioactiva. Tiene razón: la argumentación de Legásov no posee fuerza argumentativa. Es en ese momento cuando Boris Shcherbina entra en la conversación con el argumento correcto: “lo haréis porque se tiene que hacer”. Esta idea sola habría bastado, dado que los personajes son rusos, pero la apuntala con dos argumentos adicionales irrefutables: “lo haréis porque nadie más puede hacerlo” y “porque si no lo hacéis, millones de personas morirán”. En efecto, uno de los argumentos con la suficiente fuerza para convencer a alguien de que sacrifique su propia vida es la vida de los demás, y el que nadie de fuera de esa sala sea capaz de hacerlo reduce el círculo de decisión enormemente.

Por si esto no bastara, Shcherbina excluye la posibilidad de no haberlos persuadido: “Si me decís que estas razones no son suficientes no os creeré”. Así, convencidos todos racionalmente de la verdad de los hechos (el logos), el que no se postule como voluntario no lo será porque no entienda la gravedad de la situación, sino porque no se atreva (el pathos). Tras de esto solo queda dejar unos minutos de reflexión para que los voluntarios se decidan.

Antes hemos afirmado que el argumento “lo haréis porque se tiene que hacer” habría sido suficiente dado que se trataba de rusos (soviéticos, si se quiere). Vale la pena explicar esto con un poco más de detalle: todo grupo humano está preparado para aceptar ciertas argumentaciones por encima de otras. En los países protestantes, por ejemplo, la argumentación sobre la responsabilidad individual se acepta como válida; por eso el empleado de una línea aérea buscará una solución a los viajeros si un vuelo se cancela porque, en ese momento, él representa a toda la empresa y responder ante los clientes es una responsabilidad suya. En las culturas mediterráneas, por el contrario, estamos más orientados hacia ponernos en el lugar de los demás, por eso un funcionario puede hacernos la fotocopia que se nos ha olvidado incluir en nuestro expediente si tiene una fotocopiadora en su puesto de trabajo, aunque no tenga por qué hacerlo.

En la cultura rusa, una noción inserta en el ADN de sus habitantes es la de sacrificio. El sacrificio es el del individuo por la colectividad, por una patria que es más grande que cualquiera de sus habitantes; ese argumento es el que se ha empleado en las grandes ocasiones en las que el país ha visto amenazada su existencia y es el que resuena en las mentes de los técnicos: “hacer lo que se tiene que hacer” agita en las mentes rusas unas resonancias emocionales muy diferentes a las que puede activar en nuestras mentes y los sitúa ante un reguero de grandes y anónimas heroicidades, de las que ellos son solo una gota más.

Con gran acierto, los guionistas cierran la intervención de Shcherbina con referencias al sacrificio, porque un discurso no solo tiene que tener potencia, fuerza argumentativa, sino que tiene que adaptarse con las expectativas y las categorías mentales de las personas que lo reciben.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *